
Tengo una amiga que está despechada (no, no soy yo, es una amiga de verdad).
Mi amiga, salió con un tipo un par de veces y el hombre en cuestión desapareció y no volvió a hablarle. Mi amiga, que de seguro se imaginaba cruzando el pórtico de la iglesia con el tío esperándola en el altar, quedó con el corazón destrozado.
Me limito a darle ánimo y a decirle que en realidad es el ego el que patalea, que en realidad no lo quería tanto y que el tipo es un pelotudo. Le expongo mi última-penúltima (ya no sé) anécdota, como para ejemplificar que a la larga importa un bledo.
Mi amiga está iracunda y piensa que el destino nos dará la razón en una suerte de venganza a lo Kill Bill, en que veremos a los desgraciados que nos desairaron muertos de arrepentimiento y lloriqueando.
Yo, en cambio, le digo que la mejor opción por lejos, es el vitrineo.
Así que cada vez que me sienta repicada por que un tipo no me dió bola en el chat, dejó de hablarme para siempre o me deja pagando otro viernes, voy a imaginar que me caso con el sobrecargo de Air France que vi en la mañana en el metro.
O sea, no hay por donde perderse: El tipo venia leyendo el diario en francés.
Aunque yo creo que con los kilos de menos que me faltan, la rompería con el enterito amarillo de la Beatriz Kiddo.
¿O no?




